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Sonrisa aperlada, recuerdos de abril

Sonrisa aperlada, recuerdos de abril


“En el cambio siempre está la evolución” esa frase que me dijo alguien especial me ha golpeado en la cabeza durante estos días de ausencia. Estuve revisando mi clóset y hundido en lo más profundo del mismo encontré un abrigo que les aseguro, ha sido de las piezas más bellas que he tenido la oportunidad de vestir.

Voy a escribirles sobre aquel abrigo que estuvo en mi vida durante un tiempo… tiene algo muy particular, cada ocasión que salía con él sentía como si me hablara y cada que lo hacía, me sonreía, pero, no era una sonrisa cualquiera, quien la hubiera visto juraría que te hipnotiza.

Recuerdo particularmente el día que lo encontré, fue un 5 de abril, en un tienda en el centro de la CDMX, de entre todos los modelos descubrí esa pieza. Tiene una belleza especial (además de ser artesanal), un patronaje perfecto, costuras impecables, blanco, con unas pequeñas manchas que me gusta pensar que son sus pecas, y aquel detalle especial e indescriptible… unas hermosas perlas, a veces pienso que eso fue lo que me atrajo a él.

Pero… si en su exterior es hermoso, su interior lo es aún más, ese tipo de cosas que las palabras no podrían explicar, el forro está hecho con una preciosa seda, aquella que al rozarte la piel te provoca mil y un sensaciones, colores vibrantes, todo un aire de frescura y genialidad.

Siempre evité usarlo demasiado por miedo a que se rompiera o se dañara, todos tenemos una prenda especial, aquella que quisieras que estuviera contigo siempre, sin embargo… no se puede todo en esta vida.

Cómo olvidar la última vez que lo vestí, fue en una fiesta, hubo copas de más y accidentalmente lo rompí, aquella noche incluso brotaron lágrimas de mis ojos.

Aquel delicado y hermoso abrigo sufrió un desperfecto por mi culpa, hice todo lo que estaba en mis manos para arreglarlo, lo mandé con el mejor sastre que conozco y le hizo una compostura casi perfecta, sin embargo, como les mencioné, aquel abrigo me hablaba y me dijo “No quisiera volver a ser usado por ti, tengo miedo que me vuelvas a lastimar” es una prenda que yo quise mucho y decidí que alguien más debía tenerlo, no quería volver a dañarlo.

Decidí obsequiarle, dejarlo ir, sabía que la persona a la que lo obsequié podría cuidarlo. Sin embargo sólo bastó que lo vistiera una vez para que ambos (el abrigo y yo) nos diéramos cuenta de que somos el uno para el otro, él quería regresar a mí y yo quería volver a tenerlo.

Se lo pedí a quien en ese momento era su dueño, hubo una gran discusión debido a eso. ‘La devoción a la buena ropa mata lealtad entre familias’, al final aquel abrigo volvió a mí, traté de cuidarlo como nadie, pero no fue igual que cuando lo tuve por primera vez. Pasé momentos increíbles vistiendo ese abrigo, cines, caminatas, esperas, algo tenía él que me hacía sentir invencible.

Un día durante esas pláticas con él me dijo que ya había llegado el momento de separarnos, nuestro tiempo había terminado, yo no quise deshacerme de él, así que lo guardé en una caja preciosa y en un acto egoísta lo sepulté en mi clóset. Hace unos días que lo volví a encontrar, lo saqué de aquella hermosa caja, nos dijimos lo que sentíamos uno por el otro, le dije “…durante este tiempo creí que tú me lastimabas, pero debes saber, que te extraño, tú no lastimas, lastima tu ausencia” y esta vez, ambos decidimos que lo mejor es que lo deje ir.

Lo he donado al bazar vintage del Museo de Arte Popular, estoy seguro de que alguien lo encontrará, le dará el cuidado que tal vez no pude darle yo. Además, cómo podría yo privar al mundo de la belleza de aquella hermosa pieza blanca llena de destellos especiales. Ojalá que si algún día tú lo encuentras lo trates bien, lo cuides y lo aprecies, así como yo tal vez no lo hice.

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Esa ha sido la historia de la pieza más hermosa y especial que he tenido hasta ahora.

Me despido de ustedes con una cita de mi libro favorito:

“Intenta usted hablarme de amor, pero el amor es muy complicado. El amor el algo muy complicado, es a la vez la cosa más extraordinaria y la peor que te puede pasar, algún día lo descubrirás. Así que no debe tener usted miedo de caer y sobre todo de enamorarse, porque el amor también es muy hermoso, pero como todo lo que es hermoso, deslumbra y daña los ojos por esa razón a menudo se llora después”.

-Joël Dicker, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”.

Para EAPdlC

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